La Justicia le pone un freno a la “letra chica”: qué son las cláusulas abusivas y cómo te están protegiendo los jueces

Firmar un contrato de adhesión (esos que no negociás, solo aceptás) a veces se siente como un salto de fe. La “letra chica” puede esconder condiciones injustas que limitan tus derechos y benefician de manera desproporcionada a la empresa. Afortunadamente, los tribunales argentinos están tomando un rol cada vez más activo para anular estas cláusulas, sentando precedentes clave para tu protección.

En los últimos dos años, hemos visto fallos ejemplares que demuestran que ningún contrato está por encima de la Ley de Defensa del Consumidor.  

Casos que marcan un antes y un después:

  • Términos y condiciones de Apps (Fallo WhatsApp, febrero 2025): La justicia confirmó una multa a Facebook (Meta) por cláusulas en los términos de servicio de WhatsApp que le permitían a la empresa modificar el contrato unilateralmente o limitar su responsabilidad. Este fallo es clave porque aplica las mismas reglas de protección a los gigantes digitales que a cualquier otro proveedor.  
  • Contratos inmobiliarios (Fallo GAMA S.A., mayo 2025): Un juzgado de Córdoba declaró “inexistentes” cláusulas con intereses en dólares acumulativos que hacían impagable una vivienda. Lo más importante: estableció que la acción para reclamar contra una cláusula abusiva no prescribe nunca. No importa cuánto tiempo haya pasado, siempre podés reclamar.  
  • Servicios financieros (Fallo Banco Credicoop, febrero 2025): Se admitió una demanda colectiva contra un banco por cobrar “gastos de otorgamiento” en préstamos que, en realidad, eran comisiones encubiertas y poco transparentes.  

¿Qué es una cláusula abusiva? Según la ley, es cualquier condición que “desnaturalice las obligaciones” o “restrinja los derechos del consumidor”. Por ejemplo, si una cláusula:  

  • Limita la responsabilidad de la empresa por daños.
  • Te obliga a renunciar a tus derechos.
  • Permite a la empresa modificar las condiciones sin tu consentimiento.
  • Invierte la carga de la prueba, obligándote a vos a probar algo que le corresponde a la empresa.

Estos fallos envían un mensaje claro al mercado: el poder judicial está actuando como un guardián. Si sentís que un contrato es injusto, no te resignes. La justicia está demostrando que la “letra chica” tiene un límite, y ese límite es tu derecho.